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El proyecto de construcción europea que IU propugna apuesta por una convergencia real, con exigencias como una fiscalidad europea progresiva, un salario mínimo europeo y una carta social europea que garantice los derechos sociales.También requiere una convergencia real en la educación superior. Y para ello se requiere no sólo en la homologación formal de los niveles de titulación superior y de una unidad de medida de los estudios superiores, sino que requiere una efectiva donación de recursos que le haga posible:Hace falta una plantilla suficiente de profesorado, adecuada y formada. La aplicación de nuevas metodologías docentes y la reforma de las aulas unidireccionales existentes.El propio informe de financiación publicado por el Ministerio insta una inversión en educación universitaria del 15% del PIB, cantidad de la que aún nos alejamos.Hace falta un sistema generalizado de becas-salario, IU rechaza la figura de la beca préstamo. España aún invierte en becas menos de la mitad que sus socios de la OCDE, desde alcanzar ante todo la media de la organización en gasto en becas.Sólo cuando las necesidades del alumbrado de renta baja se hayan premiado de forma más justa, se podrá hablar de nuevas figuras o tipos de ayudas o incentivos al estudio. La concesión de cualquier tipo de ayudas sin que medien criterios de renta o rendimiento académico nos parece injustificable. Atacamos la legitimidad de incentivar a personas autosuficientes económicamente y manifestamos nuestro rechazo a que se trate igual a alumnos con alto y bajo rendimiento académico.Hace falta precios asequibles para los Master: la horquilla de precios para el máster entre 13 y 28 E crédito es muy alta y atenta al principio de igualdad de oportunidades que cada estudiante debe tener con independencia de la región de donde venga.Es un sin sentido hablar de las becas, mientras que los precios de los master sigan siendo tan altos. Se insta a que se fije en los órganos adecuados un precio de crédito en torno a los 13 €, para acercar el precio de la matrícula en estos estudios al de la matriculación en las antiguas licenciaturas.Hace falta una auténtica representación estudiantil.Todo esto unido a la perspectiva de unas universidades públicas entendidas como un servicio público abierto a la ciudadanía, que no busquen la competitividad sino la calidad y que no estén supeditadas a las estrechas demandas e intereses del mercado, sino que busquen la formación, de personas creativas y críticas con una elevada formación cultural y profesional. Desligarse de la mercantilación de la educación superior y garantizar la plena autonomía académica tanto en la investigación como en los planes de estudio es necesario huir de las propuestas de financiación mixta (que propone otorgar más financiación a aquellos proyectos que cuenten con una financiación externa en su haber) y apostar por contar con un modelo presupuestario plenamente financiado por el Estado. Para ello, se requiere un fuerte incremento de la financiación pública de las Universidades.Por el contrario el proceso de implantación de las nuevas titulaciones adaptadas al Espacio Europeo de Educación Superior (comúnmente llamado proceso de Bolonia) se está realizando en nuestro país en condiciones de recortes presupuestarios y bajo el prisma de la mercantilización que amenazan la calidad de la docencia universitaria y de las titulaciones proyectadas, corriendo el peligro de desaparecer allí donde no cuenten con la demanda mínima de estudiantes matriculado (75 estudiantes) en 1º curso, con insuficiencia de becas y empeoramiento de las condiciones de los préstamos para los masters. Reduciendo la oferta de titulaciones como filología clásica, filología francesa...a unas pocas ciudades españolas, con lo cual esto llevará a muchos estudiantes a desistir de cursar estos estudios.
Todo esto nos puede llevar a un callejón sin salida, donde lo único que se busca es la adaptación de la Universidad Pública a los intereses del mercado.
Elena Galán
Delegada de Educación